Hay
caracteres que mutan según generaciones a mejores o a desastrosos, muchas veces
lo adjudicamos a la crianza, a la imitación , las modas , al medio.
El
ambiente en que nos movemos hace que adoptemos modelos y costumbres muy alejadas
de la crianza que nos dieron o damos como padres, así surgen las llamadas
“tribus urbanas”, que han sido una moda, y solo algunos fieles las mantienen,
entonces a ellos adjudicamos una etiqueta.
Y aunque es de mal gusto etiquetar a las
personas que tal vez luce diferente a los cánones que según nosotros, son el
modelo ideal, entonces los menospreciamos y los marginamos por ser diferentes,
o porque su comportamiento o su modo de vestir nos resulta chocante o
excéntrico o que es políticamente incorrecto.
Es de perezosos usar una sola palabra para
referirnos a aquellos que siguen su propia tendencia, que han escogido una
forma de ser “rara” o freak desde
nuestro punto de vista que siguen cualquier otra ideología, incompatibles con
la nuestra .
Las etiquetas, los motes, no solo nos
separan, sino que nos hacen indiferente a los demás, a la hermosa singularidad
que nos hace ser únicos, originales e irrepetibles y sin embargo compatibles y
semejantes.
